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Una breve guía de los lugares más sorprendentes que podemos visitar este 14 de febrero
Dicen que lo importante es la compañía. Sin embargo, y por si ésta falla, nunca está de más elegir un destino igualmente válido tanto para si viajamos solteros, emparejados, comprometidos o casados (o incluso peleados con el contrario, que el síndrome de la clase turista puede causar estragos -asentirán los más avispados).
Pero como la intención de Kallejeo es que celebremos la flecha (sí, la que se clava) de San Valentín y que lo hagamos con amor, la lista que sigue es un pequeño muestrario de la gran cantidad de destinos atípicos, novedosos, poco habituales o desconocidos que podemos elegir para perdernos el 14 de febrero.
Porque París, Roma y Nueva York siempre estarán ahí.
Hay quien viaja por pasión, por negocios o, simplemente, por salir de casa. Pero si la idea de este San Valentín es llevar a cabo un viaje inolvidable de principio a fin una opción, y no mala, es Escandinavia.
La región del norte de Europa no solamente es frío y nieve. La atmósfera y la naturaleza; los Alpes; los mares Báltico, del Norte, de Noruega y de Barents; los glaciares; los fiordos. Son muchos los motivos por los que la península escandinava puede impactarnos. No obstante, esta vez la culpable de nuestra apuesta es la aurora boreal.
Siempre con la máxima de que las auroras boreales requieren de ciertos factores, siendo el azar uno de los importantes. Suecia, Noruega y Finlandia aparecen como los destinos más recomendados (en general) para poder percibir este fenómeno a base de luces, vientos, gases y partículas de sol (en particular). Los mejores meses para intentar coincidir con ellas son octubre, febrero y marzo. Mientras el cielo se tiñe rojo, violeta, verde y naranja, los destinos ofrecen actividades como paseos en barco, en moto de nieve y hasta en trineo.
Por si San Valentín es más de sur y de sudar la gota sin esfuerzo, la República del Gambia puede resultarnos un destino inmejorable. El país tiene su principal característica especial en su geografía: atravesado por completo por el río Gambia, dispone de menos de 50 kilómetros de ancho.
No obstante, y pese a su clima tropical, sus playas y su deliciosa cocina, Gambia sigue siendo un destino comprometido, delicado, donde la pobreza será el día a día. Y lo mismo ocurre con la República de Senegal.
No obstante, vivir esa realidad puede ser el principal motivo para olvidarnos de hoteles y todos incluidos, y disfrutar de su esencia. ¿Un adelanto? El bosque de Makasutu, la ceremonia ataya, el paseo en canoa por los manglares, las danzas tradicionales, el Parque Nacional de Kiang West, la talla de madera, la capital Dakar, el té gambiano, la Isla de Gorée (Patrimonio de la Humanidad), los babuinos y La Petite Côte (La Pequeña Costa, al sur de Dakar, punto de encuentro para la pesca tradicional senegalesa).
Y Dubai no es atípica porque allí se encuentre Yas Marina, uno de los circuitos de Fórmula 1 más impresionantes de todo el calendario, sino porque podría ser un destino no recomendado para un San Valentín hipotecado.
Sin embargo, ser testigo del rascacielos (Burj Khalifa), la fuente (Dubai Fountain) y el centro comercial (Dubai Mall) más grandes del mundo; hacer una ruta por el desierto; visitar la Mezquita Jumeirah;
subirte al Dhow Cruise o alojarte en alguna de las suites más lujosas jamás construidas bien explicarían estar un mes (o dos) a base de pan y agua.
Y qué decir del parque temático Ferrari World en Abu Dhabi. No está de más, ya que hemos echado el viaje, coger el monorriel para llegar hasta las islas artificiales de Palm Islands. Eso sí, no esperes ver algo diferentes a más zonas residenciales, villas, apartamentos, restaurantes, parques temáticos, zonas de entretenimiento, centros comerciales y, cómo no, hoteles de lujo.
Tan lejos y tan cerca, esta región de Turquía no resulta una demarcación política, sino histórica, pero todo se perdona cuando se trata de un lugar Patrimonio de la Humanidad.
Su geología, su piedra toba, sus iglesias, sus ciudades subterráneas, el (museo al aire libre) Parque Nacional de Göreme... Son muchos los argumentos por los que Capadocia debería ser conocida. Un destino caprichoso donde la erosión modifica los conocidos como paisajes lunares a su antojo y donde las edificaciones son el propio paisaje.
Los frescos de sus iglesias y monasterios, los talleres de alfombras y piedras, los espectáculos de bailes folclóricos y su buena comunicación con Ankara y Estambul ponen la guinda a un viaje absolutamente único.
Una de las áreas metropolitanas más aisladas de la tierra es la australiana Perth, un soberbio destino vacacional de ciudad y playa, cuyo clima mediterráneo podría seducir aún más a San Valentín.
Bañada por el Océano Índico, Perth pone a disposición del visitante el río Swan, los viñedos del valle del mismo nombre, el Kings Park, Sunset Coast y Rottnest Island, el festival de Fremantle, el marisco, el surf, las focas, los veleros y el bronceado.
Navegar entre rascacielos al más puro estilo Miami, pero en la otra punto del planeta, bien pueden sustentar las horas y el par de trasbordos necesarios para llegar y realizar la ruta Bushland Nature Trail o la Lotterywest Federation Walkway; probar el Bush Tucker, alimento tradicional de los aborígenes australianos; o visitar alguno de los rincones rendidos a las flores silvestres, uno de los estandartes de la ciudad.
Y de costa a costa y tiro porque me toca. Porque aunque los destinos de playa no son del todo atípicos, al menos éste no es el más habitual para el San Valetín medio.
Haz las maletas y dirígete a este paraíso terrenal en México, Kantenah, si no tienes mayor intención que la de esparcirte la crema sobre el cuerpo y tumbarte al sol. Eso sí, puedes levantarte de la hamaca para nadar y bucear en sus impresionantes aguas de color turquesa, respaldadas por decenas de palmeras y su barrera de corales.
Y una vez en alza podemos adentrarnos en el Parque Nacional Tulum (Quintana Roo) o cruzar hasta la Isla Cozumel, en donde nos toparemos con el Gran Arrecife Maya. Si queremos un poco más de masificación siempre podemos recorrer los 30 kilómetros que separan este destino de la deseada Playa del Carmen, al sur de Cancún.
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